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Martes, Mayo 29, 2018 - 08:45
Publicación: 
Guía Empresarial

Crecimiento económico      

 

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (Inegi) informó recientemente que la economía mexicana se expandió un 1.5% anual en el cuarto trimestre de 2017 (vs. 3.2% un año atrás). De esta manera, México creció un 2% anual en 2017 (como un todo), por debajo del 2.3% observado en 2016 y registrando el peor desempeño económico de los últimos cuatros años.

 

 

Por componentes de la demanda, el consumo privado se expandió un 3.3% anual en 2017, ligeramente por debajo del registro de un año atrás (3.4%). Igualmente, el consumo del gobierno siguió deteriorándose, al crecer tan solo un 0.1% anual (vs. +2.4% un año atrás). Así, el consumo total exhibió una variación del 2.8% anual en 2017 (vs. 3.2% en 2016). En contraste, la inversión se redujo en un -1.5% en 2017, por debajo del incremento del +1.1% en 2016. Finalmente, en el sector externo se registraron ligeros aumentos en las exportaciones (3.9% vs. 3.5% un año atrás), que no compensaron el notable aumento en las importaciones (7% vs. 2.4%).

 

Por el lado de la oferta, las actividades económicas de mayor dinamismo en 2017 fueron: i) servicios financieros (7.8% vs. 12.2% un año atrás), lo cual se explica por avances en bancarización, resultantes de la reforma laboral y financiera de 2014; ii) hoteles y restaurantes (4.3% vs. 3.2%), a pesar de la alerta emitida por Estados Unidos a sus ciudadanos sobre las condiciones de seguridad al viajar a ciertas regiones de México; y iii) transporte-correo-almacenamiento (3.8% vs. 2.8%), impulsada por la reforma energética de 2013 y la creciente inversión en ductos para el transporte de hidrocarburos. Por su parte, los sectores económicos que exhibieron mayor debilidad fueron: i) servicios profesionales (-0.5% vs. +8.2% un año atrás); ii) construcción (-1.1% vs. +2%); y iii) minería (-9.8% vs. -4.1%). Esto último obedeció a la menor producción de plata y cobre, así como a la aplicación de la no deducibilidad de los gastos en exploración preoperativa.

 

 

 Inflación y empleo

 

La inflación en México bordeó el 5.3% anual en febrero de 2018, todavía por encima del rango-meta del 2%-4% fijado por el Banxico para este año y por encima del 4.6% registrado un año atrás. Si bien la inflación ha dado señales de desaceleración en lo corrido de 2018 (tras los choques de comienzos de 2017, ver edición anterior de Guía Empresarial), existen riesgos de deterioro inflacionario, los cuales se explican por: i) el efecto pass-through resultante del alza en las tasas del Fed en Estados Unidos; y ii) la volatilidad en los precios de los alimentos, cuya participación en el índice aumentará en la segunda mitad del año.

 

 

 

La inflación total se vio jalonada al alza principalmente por la inflación no subyacente, la cual bordeó el 8.5% anual en febrero de 2018. En particular, en este rubro se contabilizan los precios de los servicios energéticos (7.8%) y los productos agropecuarios (9.7%). Entre tanto, la inflación subyacente (excluyendo los componentes más volátiles de la canasta del consumidor) se moderó al 4.3% anual, luego de que hubiera cerrado 2017 en el 4.9%.

 

Por su parte, los índices de desempleo en México se han reducido a los niveles más bajos en diez años, gracias a la reforma laboral de 2012. En enero de 2018, el desempleo se mantuvo en los mismos niveles de un año atrás (3.4%), con lo cual este siguió controlado en medio de la desaceleración que viene presentando la economía mexicana. También se conoció que la tasa de informalidad laboral decreció levemente, ubicándose en el 56.6% en enero de 2018 (vs. 57.2% un año atrás). Finalmente, la tasa de subocupación (población en capacidad de ofertar trabajo adicional al que le demanda su ocupación actual) continuó decreciendo del 7.2% en enero de 2017 al 6.8% en enero de 2018.

 

 

Política monetaria

 

México había venido experimentando una escalada en su inflación desde finales de 2016, llegando a alcanzar los niveles más altos de los últimos 17 años. Sin embargo, desde comienzos de 2018 dicha tendencia alcista comenzó a revertirse de forma moderada. En efecto, la inflación pasó de sus niveles máximos del 6.8% en diciembre de 2017 al 5.3% en febrero de 2018, aun cuando se mantiene por encima de los niveles exhibidos un año atrás (4.9%).

 

 

A pesar de ello, el Banco de México decidió sorpresivamente elevar en otros 25pb su tasa de interés interbancaria en febrero de 2018, luego de que en la reunión de enero la hubieran aumentado en 25pb. Así, la tasa de interés interbancaria se ubicó en el 7.5%, el nivel más alto en nueve años. Dicha decisión se tomó considerando los elevados riesgos de depreciación de los activos mexicanos, producto de la aceleración del proceso de normalización monetaria llevada a cabo por el Fed en Estados Unidos. En este sentido, en su reunión de marzo el Fed aumentó sus tipos de interés en 25pb, llegando al 1.75%, y se espera que cierre en el 2.5% el año 2018.

 

 

Todo esto habría incidido en la decisión de política monetaria de las autoridades mexicanas para evitar una depreciación generalizada de los activos mexicanos, así como del peso mexicano. No obstante, el Banxico comienza a quedarse sin espacio para evitar dicha depreciación, en la medida en que la política monetaria de ambos países puede llegar a divergir en el futuro próximo. Por ahora, el mercado proyecta un nuevo incremento en la tasa de interés del Banxico durante el primer semestre del año, situación que se comenzaría a revertir solo hasta 2019.

 

 Balanza de pagos

 

En 2017, México registró un déficit en cuenta corriente de -US$18.831 millones (-1.6% del PIB), inferior a los -US$22.829 millones (-2.1% del PIB) registrados un año atrás. Dicho balance se explica principalmente por: i) la disminución del déficit comercial, pasando de -US$13.125 millones (-1.2% del PIB) en 2016 a -US$10.875 millones (-0.9% del PIB) en 2017; y ii) el menor déficit en la renta de los factores, pasando de -US$27.330 millones (-2.5% del PIB) en 2016 a -US$26.233 millones (-2.3% del PIB) en 2017. Por su parte, se registró un superávit de US$28.095 millones (2.4% del PIB) en transferencia de cartera, superior a los US$26.527 millones (2.5% del PIB) de un año atrás.

 

La mejora en el déficit en cuenta corriente obedece a un mayor crecimiento en las exportaciones (9.5% anual) que en las importaciones (8.6% anual) durante el período de análisis. Allí resultaron importantes tanto las exportaciones petroleras (motivadas por el repunte de los precios internacionales), como las del sector automotriz (impulsadas por la sólida demanda de Estados Unidos). Por su parte, al interior de las importaciones, los bienes de consumo y los bienes intermedios han sido los de mayor crecimiento. Cabe subrayar que las importaciones petroleras de México también vienen creciendo de forma importante, en la medida en que la terminación del monopolio de la estatal Pemex en el mercado doméstico le ha dado paso al shale gas-oil proveniente de Estados Unidos.

 

 

El mencionado déficit en cuenta corriente fue financiado con un superávit en la cuenta financiera de US$26.261 millones (2.3% del PIB), cifra que estuvo por debajo de los US$31.601 millones (2.9% del PIB) logrados un año atrás, en la medida en que las necesidades de financiamiento de la cuenta corriente han disminuido. Al interior de la cuenta financiera se destacan: i) una moderación en el balance de la inversión directa (con influjos de IED del 2.7% del PIB en 2017 vs. 3.2% del PIB en 2016); y ii) una pérdida de dinamismo de la inversión de cartera (0.7% del PIB en 2017, inferior al 2.9% del PIB en 2016).

 

Durante 2017 se siguieron desacumulando Reservas Internacionales Netas (RIN) por -US$4.765 millones (0.4% del PIB). Así, el saldo de RIN al cierre de 2017 alcanzó los US$172.802 millones (15% del PIB), dato inferior a los US$176.542 millones de un año atrás (16.4% del PIB).

 

 

Perspectivas

 

 

La economía mexicana se expandió en 2017 conforme a lo previsto por el mercado y las autoridades de ese país (que situaban el crecimiento en el rango 1.5%-2.5%). Sin embargo, es evidente que la economía mexicana se ha desacelerado considerablemente, exhibiendo algunos signos de estancamiento, como consecuencia de las debilidades del sector industrial y la inversión. 

 

Para 2018, los mismos analistas proyectan un leve repunte de la economía mexicana hacia niveles más cercanos a su potencial (calculado alrededor del 2.5%), apoyados en la buena dinámica de la demanda externa y en la expansión del sector servicios. No obstante, se destacan riesgos como: i) la contracción del flujo de inversiones, derivada de la política comercial y fiscal de Estados Unidos; ii) el deterioro inflacionario, dada la política de normalización monetaria de Estados Unidos (donde la divergencia entre la inflación y la política monetaria del Banxico podría estar frenando la actividad económica); y iii) el elevado nivel de endeudamiento público, cercano al 60% del PIB en 2017.

 

Como es bien sabido, la relación de Estados Unidos con México se ha deteriorado de forma significativa. El presidente Trump ha iniciado no solo el proceso de renegociación del NAFTA (acuerdo comercial que agrupa a Estados Unidos, México y Canadá), sino que también ha logrado consolidar su programa fiscal (con reducciones considerables en los impuestos a las firmas que produzcan localmente), lo que pone en riesgo la llegada de inversión a México. Actualmente se han llevado a cabo siete ciclos de conversaciones para la renegociación del NAFTA, en los que, si bien se han tratado temas espinosos, no parece haber avances sustanciales dada la retórica proteccionista de la Administración Trump. Por ahora no ha habido restricciones al comercio entre ambos países, aun cuando el gobierno estadounidense impuso aranceles al acero y al aluminio proveniente de cualquier otro destino diferente a Canadá y México.

 

Lo que sí resulta preocupante es que la Administración Trump haya logrado la aprobación de su plan de estímulo fiscal en el Congreso. Si bien todavía existe un alto componente de incertidumbre en cuanto al alcance que puede llegar a tener la reducción de las tarifas impositivas en Estados Unidos del 35% al 21% (solo un 6% por encima de lo prometido en campaña por el presidente Trump), ya se están barajando propuestas de reforma fiscal en México (como recortar el Impuesto a la Renta y generalizar la tasa del IVA) para hacerle frente a dicho impulso fiscal en Estados Unidos, pero la inmediatez de las elecciones presidenciales mexicanas constituye una restricción para ello.

 

Ahora bien, la inflación ha dado señales recientes de desaceleración. Sin embargo, los riesgos sobre la inflación en México, producto de la normalización monetaria en Estados Unidos y el incremento en la ponderación del componente no subyacente de la inflación, han producido que las expectativas inflacionarias se mantengan elevadas. De tal forma, tanto el mercado como las autoridades mexicanas han elevado su previsión inflacionaria del 3% al 4% al cierre de 2018. Con esto, la inflación podría llegar a situarse por fuera del rango-meta del Banxico al finalizar el año.

 

Por otra parte, el endeudamiento público mexicano se mantiene en niveles elevados, aun cuando se pronostica una ligera caída de la deuda de los Mx$9.9 billones en 2016 (48% del PIB) a los Mx$9.6 billones en 2017 (46.7% del PIB). Dicha deuda, si bien está compuesta en cerca de dos terceras partes por deuda interna, representa un riesgo para la economía, dado el bajo crecimiento económico y la amenaza que supone la ya mencionada Administración Trump. De hecho, el FMI y algunas calificadoras de riesgo han advertido sobre los altos niveles de deuda del país y la dificultad en su sostenibilidad si no se allegan más recursos fiscales en el mediano plazo.

 

Finalmente, el próximo 1° de julio de 2018 se llevarán a cabo las elecciones federales mexicanas. Las más recientes encuestas sitúan al candidato de izquierda López Obrador en la cabeza de la lista (cobrando más fuerza), con cerca del 40% de preferencia (vs. 30% de favorabilidad en enero de 2018). A este le siguen los representantes del PRI y del PAN, José Antonio Meade (24%) y Ricardo Anaya (23%), respectivamente. Cabe anotar que de llegar al poder el candidato López Obrador se pondría en peligro el cronograma de negociación del NAFTA, debido a la oposición al acuerdo que abiertamente ha declarado este candidato (en particular en el componente energético del Tratado).

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