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Miércoles, Febrero 22, 2017 - 16:15
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Comentario Económico del día

Con la llegada de Donald Trump a la casa blanca, la incertidumbre ha venido creciendo en materia de trabas al comercio internacional. Durante su campaña, el empresario había anunciado medidas proteccionistas para supuestamente revitalizar la industria estadounidense a través de invocar “modelos autárquicos”, tal como había ocurrido con el triunfo del llamado Brexit en 2016. Tras solo un mes en el cargo, Trump ordenó el retiro de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y ha firmado órdenes ejecutivas para buscar renegociar el NAFTA con Canadá y México.

 

Recordemos que, liderado por Estados Unidos bajo Obama, el TPP pretendía imponer un nuevo orden comercial mundial al vincular aspectos laborales, institucionales y de medio ambiente. Dicho acuerdo se negoció de forma multilateral con países del Asia-Pacífico y Latinoamérica, incluyendo a Canadá y a México (ambos participantes del NAFTA). De este modo, el nuevo acuerdo comercial representaba una oportunidad para profundizar en el NAFTA, un acuerdo que en su momento trajo notables resultados económicos al promover la integración de las cadenas de valor en esa región (ver The Economist, “Three amigos and two spectres”, junio 25 de 2016).

 

Sin embargo, ahora con el viraje anti-TPP adoptado por Trump, Estados Unidos afronta dos grandes desafíos. En primer lugar, como Estado deberá respetar algunos principios básicos de intercambio comercial internacional y de migraciones, cuestión difícil de asimilar para quien llega a gobernar pensando que se trata de “su empresa privada”. Ya las Altas Cortes le han hecho sentir el positivo efecto de la “separación de poderes” al congelar la aplicación de ordenes presidenciales sobre ciertos abusos migratorios, inclusive para ciudadanos de los Estados Unidos. Y, en segundo lugar, Trump deberá consolidar sus relaciones diplomáticas, donde el tema de la OTAN y del NAFTA lucen como los más apremiantes.

 

Si bien en el corto plazo las relaciones comerciales no se afectarían directamente, no existen razones para ser muy optimistas hacia el mediano plazo a nivel bilateral Colombia-Estados Unidos. Ya ocurrió un desagradable señalamiento a Colombia en materia de endurecimiento de visas; e indirectamente, se están recortando los cupos de inmigración para científicos a nivel global y bien podría extenderse a limitar la absorción de la tecnocracia socio-económica (incluyendo aquellos que se educan a nivel de pos-grado en los Estados Unidos).

 

A nivel de las exportaciones colombianas hacia Estados Unidos, cabe señalar que estas también han caído a la mitad (como en el total), cerrando en niveles de solo US$10.000 millones en el 2016 (ver gráfico adjunto). De hecho, el déficit de la balanza comercial de Colombia con los Estados Unidos pasó de un superávit de US$10.000 millones en 2011 a un déficit de -US$1.700 millones en 2016. A nivel del movimiento de capitales, las expectativas de revitalización de los bonos de infraestructura en los Estados Unidos y el alza de las tasas de interés (llevándolas la FED probablemente a cerca de 1.25-1.50% para finales del 2017) podrían implicar menor disponibilidad de financiamiento internacional para Colombia.

 

Adicionalmente, la relación bilateral se estará endureciendo para Colombia en lo referente a presiones para redoblar la lucha contra el narcotráfico durante esta era de pos-conflicto. Cabe señalar que el área de cultivos ilícitos en Colombia se ha prácticamente triplicado durante 2013-2016, alcanzando las 180.000 has., según el propio Departamento de Estado. Esto implicaría no solo que los aportes del “Plan Paz Colombia” se reducirían de los esperados US$450 millones hacia US$350 millones, sino que su enfoque sería menos “soft” (gasto social) y mucho más “hard” (lucha anti-cultivos ilícitos y mayor interdicción).

 

En el corto plazo, Colombia tendrá que enfrentar dos contratiempos adicionales: i) mayores obstáculos para la obtención de visas a Estados Unidos (por las razones ya comentadas); y ii) endurecimiento en los procedimientos aduaneros.

 

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