- El salario mínimo ha crecido en los últimos diez años persistentemente por encima de la inflación más la productividad.
- La reducción gradual de la jornada laboral encarece la hora trabajada, incluso sin aumentos del salario mínimo, lo que eleva los requisitos de entrada a la formalidad.
- Aumentos reales excesivos del salario mínimo generan presiones inflacionarias, especialmente en rubros intensivos en mano de obra como educación, salud, transporte, cuidado personal y servicios domésticos, que tienden a acelerar sus precios cuando el mínimo supera la inflación.
- Es indispensable sincerar la discusión del mínimo con la realidad productiva del país. Mantener una política salarial prudente contribuirá a la creación de empleo y la estabilidad de precios.
